Grandes decepciones: Asunción, Paraguay

En un mercado de Asunción, siempre con una sonrisa a pesar de todo.
Las expectativas son el peor enemigo del ser humano. Imágenes mentales de paisajes y situaciones idílicas que, generalmente, no salen bien paradas cuando se contrastan con la realidad. 

Eso sucede con algunos lugares: nos hacemos una idea de lo que pueden llegar a ser, y cuando son diferentes para mal: CRUSH, choque inmediato y decepción. 

Me pasó con Asunción, Paraguay. Lo peor es que hice toda esta introducción sobre expectativas, pero no tenía muchas. No sabía mucho sobre la ciudad ni tampoco esperaba algo específico, simplemente queria deleitarme con la cultura local y experimentar la magia guaraní en sus calles. 

No lo logré. Me encontré con una ciudad muy sucia y en la que todo estaba a medio terminar. Las construcciones, las calles, los negocios, etc. Y como ya saben, esas cosas a mí no me seducen.

Sé que hay una parte de la ciudad muy diferente porque la dueña del lugar en el que estuve me dijo que lamentaba no haberme podido llevar a la zona nueva que vendria a corresponder a nuestra Vitacura. ¡Menos mal!, porque la zona rica es la que menos me interesa. Pero eso habla, justamente, de lo que más me decepcionó: al preguntar por los sitios para visitar, las personas me recomendaban los centros comerciales. 

¿Dónde estaba esa cultura que buscaba experimentar? Y no me malinterpreten, no es que yo sea una persona muy cultural, pero siento que al caminar por la mayoría de las ciudades, uno más o menos percibe un halo que habla sobre ese sitio y sobre esa gente. Allí no lo percibí. 

Pienso que hay maneras en las que uno puede exprimir una ciudad hasta el fondo: hospedarse con locales o en hostales, asistir a actividades grupales o conversar con la gente en las calles. Pero también pienso que sin hacer nada de esto, uno deberia poder llevarse una impresión al hueso, deberia poder recorrer por su propia cuenta y descubrir mercadillos, paisajes únicos y ritmos sabrosones. Porque la ciudad está allí, basta con caminar para encontrarse con todo eso. 

No me bastó con caminar y caminar y al final terminé usando mis dias para avanzar en el trabajo. Luego, al viajar a Bolivia, descubrí el estado de las carreteras, otra decepción más

No me gustó Asunción, pero sí quiero destacar que los paraguayos son personas muy amables y amorosas. Siempre con una sonrisa y buena voluntad para ayudar. Sin embargo, eso no fue suficiente para aplacar la distancia que sentí con esta ciudad. Aún así, la invitación siempre es a verla con tus propios ojos. 

¿Volvería? No, pero no desaliento que visiten Asunción, pues cada uno debe formarse una opinión propia. 

Este texto es mi opinión personal y única. Refleja mi sentimiento sobre la ciudad y en ningún caso expresa una realidad objetiva, pues tal cosa no existe. Miles de personas tienen una visión diferente, incluso opuesta, y ambas reflejan verdades individuales sólo válidas para uno mismo y quizás para otros más. 

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