COMO EN CASA

Camino por las calles de Buenos Aires. Tengo mi casa postiza en Malabia (estoy quedándome en el departamento de mi amiga Jimena mientras ella está de viaje). He decido caminar porque hace muchos años que no lo hago. Largos trayectos desde el obelisco hacia el lugar donde vivo... temporalmente.

Las personas tienden a hacerte siempre la misma pregunta sobre la ciudad: ¿qué te parece?, ¿cómo la encuentras? Llevando apenas 10 minutos es difícil responder. "Grande", digo. Es el año 2004 y yo tengo mi cabeza en Santiago, en las despedidas y en lo que queda atrás, mientras avanzamos por autopistas y caminos largos rodeados de parques, hablando por teléfono: vaticinando el futuro.

Buenos Aires es una cuidad que adoro desde la primera vez en que llegué aquí. Ahora estamos en enero de 2015. Once años después me encuentro pasando unos días en mi recorrido por América que acaba de comenzar. Hago vida de persona normal. De barrio. De comprar milanesas en la carnicería y comerlas con tomate.

Mi amigo Juan es mi guía turístico-gastronómico oficial. Con él conformamos la asociación de gordos y no nos privamos de nada.

Paulina, Jime y Juan me hacen pensar en lo afortunada que soy. Mientras voy caminando por calle Córdoba y la ciudad se empieza a despejar por la amenaza de tormenta, reflexiono sobre los grandes amigos que tengo. Los comercios entran las sillas, comienza a oscurerse un poco más temprano y el atardecer se vuelve rosa. Yo pienso en ellos, en su generosidad, en el tiempo que han dedicado a estar conmigo y su alegría de verme y mi alegría de verlos. Pienso en Martín y en Lucila con sus sonrisas grandes y sonoras. En Noe que no está. Cuánto los quiero a todos.

Y estoy en la pesquisa de un café Havana porque quiero comprar alfajores para regalar; pero finalmente nunca me decido y no los compro. Sí compro helado, porque Buenos Aires es la ciudad del helado. Acá hay tantas heladerías por metro cuadrado que me saco el sombrero. Hay heladerías, hay dónde lavar la ropa a la vuelta, hay supermercados chinos, hay panaderías y fábricas de facturas, hay teatros y hay mejores amigos.

"Yo podria vivir aquí", me digo. "Estoy en casa". Y es así, estoy en casa. Estoy en la ciudad que considero como mi segundo hogar. Y mientras mis ojos no paran de buscar todo el tiempo una cara conocida, abrazo todo lo que representa estar aquí, hoy, en este momento.

2 comentarios:

  1. Basta, que estoy indispuesta y mw emociono por demás. Buenos Aires es hogar de amistad. Te quiero, amiga

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    1. Puedes creer que nunca vi este comentario por un error de blogger que acabo de arreglar? jajajaa. Nunca es tarde. TE AMO

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