DIAS COMO ESTE

Querido diario

No sé distinguir mis sentimientos. Con el maestrín acordamos las fechas finales, los materiales, los últimos procesos. Tiene que comenzar a desmontar andamios porque va a terminar con escalera lo que falta. Y yo debo comenzar a mostrar la casa el 15 de diciembre. Traer cajas, comprar film industrial para embalar y proteger lo que vamos a guardar. Y siento muchas ganas de llorar. Siento tristeza y miedo. También tengo sentimientos de anticipación y expectativa. Y un poco de angustia por las despedidas. Es mi problema por ser una persona nostálgica. Yo sé que las personas nostálgicas no caemos muy bien, por nuestra pegadez con el pasado. A eso se suma mi espíritu celebrativo que no ayuda en estos momentos. Porque todo ha sido una constante celebración, comenzar los arreglos, ver los avances, tomar decisiones, ponerse vacunas, trazar una ruta mirando una mapa. Por lo tanto está todo lleno de significado. Mirar un pedazo de patio es recordar a la Flavia revolcándose, o su tumba y la del Rufino. Mirar la cocina nueva es recordar que hubo un tiempo en que todo ese sector no iba a ser cocina. Iban a ser baños. Muchos baños con muchas duchas.


Mi oficina-estudio, donde paso la mayor parte del tiempo, me recuerda mi infancia. Las tardes que pasábamos con una de las arrendatarias (Marlén) que era tan cool y que representaba lo que queríamos ser a los 12 años. Con sus petos y patas de animal print y su radio constantemente tocando King Africa. Ni hablar de la piscina. No sé si guardarla es estratégicamente lógico o sólo nos aferramos a un sueño. "Y el sillón de tu abuela?". "Sí, obvio que ése lo voy a guardar, junto con el rojo". El sillón rojo es el que compré para mi departamento. Tan cómodo y lindo. Quizás debería haberlo regalado. Cuando me fui de mi departamento me sentí exactamente igual, pero peor.

No sé distinguir mis sentimientos. Hay días en los que mi mente divaga por playas nuevas y extensas. Llenas de turquesa y azul. Otros días son como éste: lo único que veo es el alto precio que pago por mis decisiones. Figurativa y literalmente.

Nunca me arrepiento, en todo caso. Pero hay que reconocer que el último paso de salir y el primero de entrar en la aventura, es un momento que te rompe el alma. Y aunque sea breve y aunque es para mejor, no significa que no duela.


200190_595008090532641_1472683902_n

2 comentarios:

  1. Es tan bello este post... y qué lindo debe ser volver a él cuando ya estás en medio del camino. Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. No lo había leído desde que lo escribí. Qué dramática soy! jajajajaa. Te quiero, amigo.

    ResponderEliminar

Con la tecnología de Blogger.