VIVIR PARA VIAJAR (2)







Vivir para viajar es un mantraPocas cosas hay más sublimes en la vida que viajar. Entiendo el viaje no sólo como la salida a un destino lejano, sino también como lo que sucede interiormente producto de esos "traslados". Los cambios que se producen en nosotros, la alegría de cumplir los sueños que representan algunos destinos, el impacto de aprehender otras realidades, otras culturas. La riqueza de conocernos entre los que habitamos el planeta.


Creo, sin duda alguna, que de todo aquello que el dinero puede comprar, los viajes son la mejor opción. Tuve la oportunidad de alojar en mi casa a una chica paraguaya, Ruth, que me conmovió con su mirada sobre las culturas. Ella me contaba que se sentía triste cuando la gente le decía que no le interesaba conocer Paraguay, porque para ella todos los países y todas las culturas tienen algo digno de ver (por eso vino a Santiago aquella vez, quería conocer y maravillarse con nuestra ciudad).


Compartir con un viajero es viajar un poco y aquella vez, con Ruth, aprendí una gran lección sobre lo importante de respetar y de entusiasmarse por todos los rincones del mundo, no sólo los que nos parecen más apetecibles porque los rankings de viajes lo dicen.


Viajar es una experiencia superlativa desde el comienzo. Desde el momento en que a uno le entra el bichito por ir a conocer algún lugar. Luego ese bichito se convierte en una idea y finalmente en un plan.


Qué hacer, a dónde ir, cómo llegar. Preguntas esenciales. Al menos para los que son precavidos como yo y les gusta organizar el viaje con tiempo y con eficiencia, jajajaja. Suena un poco contradictorio con el espíritu de transmutación viajera; pero para mí es parte de un ritual. Un ritual que comienza abriendo una web, cotizando precios, leyendo referencias, buscando información, investigando si hay insectos (mi fobia), si el agua de la playa es tibia o no, etc.


El viaje comienza antes de salir de casa. Su espíritu está presente en la ansiedad porque llegue el día, la lista de compras por hacer, el ponerse de acuerdo con tus papás para que te cuiden a las mascotas, los libros seleccionados para llevar...


Viajar es vivir. Y escribiendo esto me arrepiento de no viajar más. Este 2013 viajé dentro de Chile, producto de mi resolución de año nuevo de viajar más, pero aún creo que debo presionar los límites de las posibilidades más lejos y hacer del 2014 un año viajado con intensidad. A donde sea.


Mi debilidad son las playas. Para mí la playa es un sentimiento. Una forma de vivir. La playa no sólo es un lugar físico, es un momento interno de quietud, el instante en que el sonido del mar entra en el cuerpo y lo llena todo. Y uno sólo puede guardar silencio ante esa inmensidad.


No puedo evitar ser solemne cuando voy a la playa. Observar las olas, el brillo del sol sobre la superficie creando destellos de luz. Pensar en que si hay algo perfecto es ese paisaje en ese momento conmigo como observadora. No puedo evitar pensar, además, que lo que mis ojos miran no puede ser capturado en su esencia y que, lamentablemente, la fragilidad de la memoria es inevitable. Y luego viene la alegría, sonreír, apretar la arena, enterrar las patas, flotar, cerrar los ojos y saber que eso es todo.



Desde chica albergué un sueño en mi corazón. Un sueño que cuidé y que sabía que haría realidad. Viajar a Punta Cana... Lo sé, quizás uno esperaría el deseo de ir a India, a Tailandia, a algo más profundo, pero no. Yo quise ir toda mi vida a Punta Cana. Y fui. El año 2010. El año del terremoto.


Tal vez pensando que la vida es muy breve, que podemos desaparecer en cualquier instante, que no hay mañana, que el hoy es la respuesta a todos los cuándos. Tomé una decisión impulsiva y compré mi paquete a Punta Cana. Y cuando el avión iba pasando muy cerca del mar Caribe, lloré mirando por la ventana. Lloré porque ¿cuántas veces en la vida uno cumple un sueño anhelado por tantos años? Muy pocas. Y ahí estaba. En ese lugar. En ese momento.


La vida es para vivir puros momentos así. Para cumplir esos sueños. Ningún objeto material podrá despertarme jamás esta nostalgia que siento por ese viaje. Este anhelo de volver, de estar allá otra vez. Y de seguir conociendo más países, más ciudades, más playas. De conocerlas todas. De convertirme en una experta en playas caribeñas.


Este post es distinto porque es una visión muy personal sobre la vida. Acá nos alejamos del ámbito profesional y yo les cuento que esto es lo que pienso que hace que valga la pena existir.


Pero bueno, no quiero ponerme dramática.

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